Sobre instapoetas, poetas de lo cuqui, intensitos…

6cabef73-9094-4010-843a-9abb210e2678Hace unos meses un conocido mío, metido a librero y editor, me preguntó si no me gustaría publicar en Visor; la editorial donde están los grandes muertes y vivos en su mayoría –“la editorial de Loreto Sesma, que está muy buena” (sic.)-. De la pregunta trampa salí como bien pude. Visor no es una editorial de mi gusto pese a que tengo libros negros en mi biblioteca; aunque posiblemente hace unos (muchos) años tuviera un papel vital en la poesía estatal, siempre me ha dado la sensación de que ha funcionado a vueltas de tuerca. Se han reinventado manteniendo un discurso elitista aunque ahora ya quien más o menos sabe de poesía entiende la verdadera motivación del negocio. La motivación editorial desapareció hace demasiado tiempo.

Tengo claro que cuando algunos transatlánticos con rotativas vieron dinero fácil en las cicatrices que escribían proyectos líricos de en las redes sociales, desvirtuando sus principios e ideas. Se ha decidido dar más bola de la necesaria a una generación con la que, por desgracia comparto época: poetas que rigen la calidad de su obra en las cifras, en auditorios y en el público, dejando de lado aquello que tiene que ser la piedra angular de cualquier proyecto para el final: la calidad, no ya la sinceridad o la honradez, porque aquí uno tiende a escribir la verdad a su manera. La prevaricación editorial es alarmante: editoriales tradicionales que deciden abrir su catálogo a estos prospectos, tropezando con la máxima de la prosa: hablan de ventas, de mercado y en la poesía nunca antes se había hablado de ello ni se argumentaba la calidad de un poeta a partir de las ediciones editadas. Ser el más leído no es sinónimo de buenhacer, no hay una relación directa porque los best-sellers los carga la mediocridad.

Me agradaría que fueran capaces de defender su trayectoria sin caer en el victimismo -de ahí que hagan oídos sordos a cualquier crítica, o eso dicen-. Que sean capaces de construir un relato propio sin caer en las envidias y odios que desprenden. Que sean capaces de recomendar algún libro más allá de sus lecturas de cabecera, favores y traducciones. Personalmente ni les envidio ni los odio, la mayoría estamos tranquilos porque nuestro camino es más agradecido. Siempre he preferido las piedras antes que el dinero. En la adversidad siempre encontraré a gente que quiera ayudar para hacer un lugar común con ellas. El dinero atrae a la gente pero luego cuando se agota los espanta. Es algo parecido al peso del tiempo, pero menos interesado.

Postdata: el comentario sobre la galardonada con el último Ciudad de Melilla quizá sobra, pero poco se ha hablado de la cosificación de la poesía. “La sigo y la leo porque está buena” me han llegado a decir. A algunos les parecerá muy de puta madre hacerlo así. La mirada corta…

Foto: tuit de Elvira Sastre, de noviembre pasado, cuando me sorprendió que ella y Andrea Valbuena fueran en pack al Aula Díez Canedo. En 140 caracteres podéis ver muchos de los tics modernitos que me sorprenden. Porque de Ben Clark a ella hay un abismo.

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