La vuelta al cole del elefante

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Cuando antes lo asumamos, mejor: el verano como tal ya ha acabado. Quien pueda todavía exprimirá alguna tarde en la playa o una cervecita en el chiringuito o terraza más a mano que tenga aún teniendo el olor a forro plástico en la pituitaria. Pronto empezarán, lo sabéis, los propósitos de curso nuevo que en enero serán suplantados por los de año nuevo, hasta llegar a la operación bikini -o martoño, según se mire- y así, el curso se irá agotando poco a poco: de los barquillos a las castañas y luego a los polvorones, pasando por las torrijas para enfilar directos al granizado. De propósitos más bien poco, pero de intenciones… eso es otra cosa.

Volvemos a la carga con el elefante, ahora con nombre: Beirão. Ya sabéis que un elefante cuando se embala es imparable y el chiquitín va cogiendo carrerilla. De momento y a falta de cuadrar trabajo con viajes, hay confirmada una lectura en Madrid después del puente del Pilar, casi con total seguridad el sábado 20 por la noche, con la colaboración/presentación de Julia Sánchez (mi Julia Laberinto, la tenéis enlazada en la columna izquierda) Antes o después de Madrid habrá algo en Tarragona, de nuevo, y si se confirma, una lectura por Barcelona. Por otro parte me encantaría volver a bajar a Extremadura, pero hasta diciembre lo veo algo complicado. Sería fantástico presentar/leer en Badajoz (nací allí y viví allí casi veintidós años), Plasencia (en el pueblo), Cáceres (el grueso de amigotes anda por allí). Las motivaciones están: si da la butxaca y el tiempo, p’allá que voy.

Pese a los planes, pese a la ilusión incipiente cual guiso haciendo chup-chup a fuego lento cuando estoy en el escritorio tengo arrebatos de soledad. También cuando paseo por alguna librería revisando qué poemarios ofrecen en sus anaqueles; o cuando embarco en un avión o voy en tren hacia Madrid. Un vacío donde parece que me han dejado sentado y que únicamente consigo llenar con la lectura de los poemas y unas gotas de un peligroso sentimiento de indignación. Un sentimiento ponzoñoso que apaciguo rápido porque aunque los elefantes tengan muy buena memoria y no perdonen ni una falta de consideración, sí saben mirar hacia adelante y seguir su propio camino.

Foto: Beirão preparado para la vuelta al cole.

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