El éxodo casi perenne de los extremeños

Foto-Manuel-Iglesias.jpgAlguien decía que a partir del treinta y uno de agosto las zonas rurales de Extremadura -y las Castillas, por ampliación- vuelven al silencio. durante el calor visitantes y oriundos han compartido intimidades en la piscina municipal mientras apuraban quinto tras quinto o un cono de vainilla. El silencio de los pueblos es la sombra de un éxodo obligatorio hace dos generaciones y media, cuando la gente del campo se moría de hambre; mérito del señorito de turno, propietario de los pagos circundantes a la villa decidía bien tener en salazón las tierras porque no compensaba los beneficios que le atribuían a partir de los gastos, bien porque tenía otros quehaceres en la ciudad y descuidaba sus terrenos. Ahora, cincuenta y sesenta años después siguen existiendo éxodos, migraciones, fugas, huidas hacia el porvenir norteño o la capitalidad madrileña. El goteo de la despoblación ha sido constante pero las oscilaciones de la calidad de vida han ido marcando el ritmo de las partidas incluso ya en las capitales de provincia y no hay ni una sola respuesta para afrontar con garantías el éxodo en algunas regiones. 

No sé quién vivirá dentro de veinte años en una Extremadura que está cavando sin remedio su tumba. Cada vez tengo más amigos que estudian o trabajan fuera y que no quieren volver a la región, porque cuando existió la oportunidad de volver se plantaron (me planté) ante unas condiciones abusivas, en el mejor de los casos para desarrollarse como personas. Y con el agravio de sufrir el desprecio de aquellos extremeñitos que supuestamente confiaban en que estaban siendo los héroes de la región idílica en donde viven, paraíso gastronómico del cerdo y el Cristo de Elvas y sacudecollejas de la cultura a gran nivel; tierra con historia pero incapaz de vender su patrimonio y tan acogedora como reacia a aceptarte si uno no desea o le es imposible volver. Sin ir más lejos hace dos años me ofrecieron trabajo y expliqué las condiciones que requería mi retorno. La única innegociable era tener un salario digno acorde al convenio colectivo al que estoy sujeto,img_25937 que me permitiera vivir sin excesos pero sin carencias. Debe ser muy duro decir que sí cuando a uno le ofrecen casi dos tercios menos de lo que cobra por un trabajo cualificado, con el valor añadido de poner trabas a que trabajes legalmente con las horas computadas en la seguridad social y cobrar otra parte en negro porque si no sería imposible prestar el servicio. Al cuerno.

La apatía gubernamental callará el éxodo ahora, en septiembre. Si seguimos el calendario anual de quejas y brazos cruzados, en octubre o noviembre habrán los lamentos cada vez más típicos sobre los datos de matriculación en la Universidad de Extremadura (desde hace dos años hay más universitarios extremeños matriculados fuera de la región que en ella) y el decrecimiento de la población en la comunidad. En Navidades escucharemos las quejas porque no se apuesta por la región cuando los primeros que tendrían que hacerlo se ríen en la cara de todos aquellos que alguna vez han deseado volver para desarollarse en la tierra donde crecieron, pero es imposible. A finales de invierno y la primavera volverán a dar altavoz a las averías crónicas del tren y, en el lado opuesto, intentarán conseguir alguna ruta para que los extremeños de bien puedan veranear fuera: ¿Qué tocará el año que viene? dos mil diecinueve es año de elecciones y por tanto, la oportunidad de prometer el oro y el moro, pero el problema seguirá siendo el mismo: la gente marcha cada vez más joven. Y muchos no volverán: porque no hay capacidad para crear trabajo ni parece compensar de cara a las instituciones foráneas ser una región activa en tal aspecto: el cuento y el lloriqueo a muchos les costaría el carguito (recordemos que ser político en Extremadura es una profesión)

La política del retorno es inútil si no se obliga al empresario a cumplir unos mínimos en contratación y seguridad laboral de todo tipo. Cuando no existe o es ineficaz; cuando trampean administraciones para desprestigiar a quien ha marchado porque en Extremadura no se confió en él de una manera u otra… al menos entiendo que es un despropósito volver a no ser que uno sea apasionado del masoquismo. Por desgracia en la comunidad, hay muchos aficionados a tal práctica.

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