EP (Poemas de Salinger), de Roberto Valdivia

rvAviso a despistados: lean a Roberto Valdivia (Lima, 1995) ha creado un libro brutal: EP (Poemas de Salinger), publicado la pasada primavera por Liliputienses. Repito: hay que leer a Roberto Valdivia, con calma, sosiego: a mí me ha llevado meses hacerlo hasta que encontré el punto a la lectura necesario para adentrarse en un libro intrépido y moderno: fresco, en definitiva.

Digo intrépido porque estamos ante un poeta que juega con los límites. En la forma del verso -párrafo, podría llamarse- emerge un contenido moderno sin ataduras a cánones. Estamos pues ante un poeta íntegro que traza un contenido sencillo pero recargado de imágenes (“te dije que la vida me parecía un lugar lleno de espinas pero hermoso si estás lo suficientemente encima de los charcos”) que apabullan, se suceden y crecen en el desarrollo de un libro lleno de tics que podrían ser máximas nada cruentas e incomparables si no se arriesga a jugarse las pupilas al contraponerlo con cualquier poeta de la generación de la poesía de lo cuqui,10253239_1030238387002906_1948890075_n que fluye por el panorama poético actual en el país (“pondré mi brazo izquierdo abrazando tu torso y mi brazo derecho apuntará a una a estrella extinta que pensaremos aún existe” del brutal poema final Ellen, pag. 61)

En EP (Poemas de Salinger) Encontramos verdaderos giros culturales fuera de época, mencionando símbolos de otras décadas como Indiana Jones o los archiconocidos Artick Monkeys, pasando por Sylvia Kristel, si nos remontáramos a los setenta -aquí añadiría también a Salinger, dejado en caída y suerte hace tiempo por desgracia-. Anécdota o no, ahí entra la capacidad del poeta de jugar con nombres y hacerlos suyos en el poema; dominar la influencia sin perder la distancia requerida para no desprestigiar el ritmo de una poesía atrevida y sincera. Decidida si cabe a jugar con verdaderos símbolos como Freddy Mercury o una descripción de la habitación, de cómo adueñarse de su propio “gran hermano”.

Real o no la realidad autobiográfica, Valdivia saca a relucir una potencia en su obra difícil de comparar con otros compañeros de generación, sacudiendo el relato conservador que la crítica insensible prolonga en revistas y semanarios que niegan espacio a todo aquel al margen de las “grandes escuderías” y que muchos merecen como altavoz a una obra inicial sincera y coherente.

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