Mediterráneo, de João Luís Barreto Guimarães

dasUna de las escasas lecturas del agosto de las postales y las vacaciones ha sido Mediterráneo, de João Luís Barreto Guimarães (Porto, 1967) Descubrimiento soriano, por aquello de tener la caseta de Vaso Roto, editorial que ha publicado este año al tripeiro, al lado de la de Liliputienses & Luces de Gálibo. Vaso Roto que al igual que sorprende, igual… o menos.

El destino ha querido que dos mil dieciocho sea un año viajero. Primero fue Comiendo de una granada, de Esther Muntañola. Luego, De nómadas y guerreros, de Elías Moro. Ahora, después del viaje estival me inmiscuyo en otro poético hacia las vicisitudes de un viajero que transita en las fronteras del viaje a través del Mediterraneo; en su vertiente pacífica y espiritual y en otra cargada de miseria y temor. Esa mezcla, el contraste que condiciona la existencia del mar y la sombra de catástrofe que de manera intermitente siempre ha llevado en su sal. Cada parada, preciosa pero atroz, en contradicción en una búsqueda interior; protagonizan un libro que no aspira a ser, porque no lo es, un poemario de viajes y estancias, sino más bien un análisis íntimo a la herencia de los lugares bañados por el Mare Nostrum.

Mediterráneo se vale de sus aliados en forma de fruto de tierra (vid, olivo) y piedra (iglesias, mezquitas) ocupando los versos, ampliando su ruta en un mapa en forma desnews poemario; destrozando aquel rol otorgado al mar como aglutinador de masas y en museo de la ruina. Barreto Guimarães anuncia una tierra convertida en cementerio. Por sus hojas aparecen personajes, ciudades… y cuando más íntima se vuelve el contacto ofrece otra luz a las cosas, otorgando la visión personal y quizá inalterada de las cosas; una subjetividad en el juicio de las buenas palabras y la intención mitificadora radicada en el germen de todas las culturas que han estado siempre de cara al Mediterráneo.

Mediterraneo es un mapa desajustado bajo nuestra concepción del mar. Una sacudida a la venda que las culturas han ofrecido siempre sobre él. Barreto Guimarães esgrime con su poética que no es únicamente un marco de vida y oportunidad, sino que también presume de sombra; y en ellas varios matices. Las tonalidades oscuras, por desgracia, están a la orden del día.

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