Las pataniscas

patnscas

Serie: 9 de 21
Destinatario: Ferran Fernández
Remitente: José María Cumbreño

Lobo Antunes, referencia en el blog, defiende la gastronomía como una de las formas supremas de cultura portuguesa. Portugal, un pueblo tan alegre como reservado que se encoge como una patanisca dorada por el fuego no rehuye del mar pese a que a Bartolomé Dias le amargó la existencia o jugó con la suerte de otros tantos marineros, desmenuzándolos las mareas como picaremos el bacalao desalado después de nueve horas y dos cambios de agua. Pasado ese tiempo se escurrirá el despiece del lomo del pescado, joya de la corona de la cocina portuguesa y monacal, y se revuelve con leche y el zumo de medio limón.

En otra vasija, de barro alentejano se añade la harina, las dos medidas de agua, media cebolla bien picada así como dos ajos lilas y un par o tres los huevos grandes. Se añade la masa lechosa de bacalao a la vasija y se remueven los ingredientes hasta conseguir una masa uniforme, espesa. A continuación, con una cuchara de madera -por favor- introducimos porciones de la masa en una sartén previamente calentada con aceite igual de caliente; friéndose la masa por sus mitades hasta que quede dorada.

Dejar reposar unos minutos para que suelten el exceso de aceite -bien en rejilla o con papel absorbente- y degustar con una cerveza bien fría o una copa de vino blanco. O la botella entera.

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