Rebelarse ante las perífrasis

1174803_10201565969327653_1300048900_nSeire: 8 de 21
Destinatario: José María Cumbreño
Remite: Irina Kum

No cabe duda de que los portugueses odian las perífrasis. No les gusta ser obligados o cómplices de nada pero aparentemente tampoco muestran demasiada resistencia al poder de los aparatos políticos o de los agentes sociales. De ahí la sorpresa del pueblo portugués cuando un primer ministro tuvo que ir a la cárcel por corrupción. Estar emprisionado debe ser una de las peores experiencias a las que uno debe hacer frente en su vida… si todo se tuerce demasiado, claro. Tener que rendir cuentas a la ley -¿abrimos el debate sobre la obediencia ciega a la ley?-. suele ser tedioso: lo digo por experiencia.

Según los estudiosos, en castellano hay contabilizadas -porque se cuentan- unas ciento cuarenta perífrasis. A los portugueses no les gustan: lo demuestran poco, lo guardan su celo hasta que estallan con un puta que o pariu. En cambio, cuando ven un semáforo en rojo todos caen. Tienen que frenar antes de tiempo, pero siempre se avanzan antes de la luz verde, alguna décima de segundo como un acto de rebeldía que reconforta. Los portugueses aparentemente no muestran demasiada resistencia al poder o a las normas, pero también saben crear excelentes oportunidades para regodearse ligeramente de la estrechez de la norma.

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