El mito de ‘vivir bien’ en Extremadura

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Cuando escucho el “aquí se vive bien” de algunos conocidos del sur -y ya sabéis a qué región me refiero- algo me sacude por dentro. Cada uno tiene sus propias inquietudes: vivir bien al colchón del erario público en una capital de provincia con sus pueblos y localidades menores despoblándose. Vivir bien, en fin, esperando unas oposiciones en una alternativa tan legítima como arriesgada, condenando a jóvenes de casi treinta años con nula experiencia laboral al abismo. Si me tienen que justificar el “vivir bien” con las horas de sol, el terraceo, no llegar a final de mes porque tu sueldo no te lo permite -tendrá la culpa siempre el Gobierno- o comer jamón…  mal se va.

Algo pasa cuando los que marchan -porque no se apuesta por ellos, porque directamente se les expulsa de la región- no quieren volver. Cuando las instituciones y las empresas, de un sector secundario casi inexistente, no mueven ni un dedo para que el talento migrado extremeño vuelva y desarrolle su vida de nuevo en la región. Hace unos años, Fernández Vara soltó una de las sandeces más sonadas sobre el tema catalán: “si Cataluña se independiza que nos devuelva a los extremeños que se fueron”; redirigiendo el tema hacia la ocupación y el trabajo… los extremeños de mi quinta -entre 20 y 35 años- que trabajan fuera de la comunidad difícilmente volverán a sus orígenes en las condiciones tan precarias que se ofrecen: salarios que no cumplen la escala del convenio colectivo, contratos en negro… aunque el coste de vida sea menor allí una cosa es la buena voluntad y otra recaer en la precariedad y que se rían en tu cara. Justificar, por otra parte, que el déficit de industrialización y la fuga de capital humano está también en las pésimas infraestructuras de la región es hacerse trampas al solitario hoy día: Extremadura consta con una red de carreteras -por no hablar de autovías- muy por encima de la media nacional e infrautilizadas, por no decir insostenibles a medio plazo; como los vuelos subvencionados que utilizan una élite o ciudadanos abocados dejar la región para buscar trabajo a fuera (los famosos vuelos a las Baleares y Canarias) que sumado a la nula capacidad autonómica y central por potenciar el ferrocarril eléctrico y sostenible hace que las oportunidades de negocio y retorno sean una quimera, y aprovecharse de las carencias internas que uno tiene y no palía es una broma de mal gusto para todos… a no ser que desde la Junta de Extremadura quieran vender a la región como la ‘Angola española’ lo cual sería ridículo a la par que insultante.

Tengo claro que en una región donde se ningunea al que ha marchado y se fomenta la precariedad y las empresas de bar y tapas, donde sale más a cuenta ir a Lisboa o a Sevilla para tomar un avión o tren que me lleve a Barcelona que no ir desde Badajoz de cualquier manera, es difícil volver. Si algunos quieren vivir bien en la precariedad es su problema cuando algunos ya nos hemos cansado de quejarnos -por ellos- y hemos descubierto que más allá de la A5 con esfuerzo uno puede vivir bien sin que le tomen el pelo. Uno no puede comer del campo, del jamón o de otras tantas jodiuras que sueltan los cuñaos de Santa Marina o la Plaza Mayor.

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