Dos prosas rurales de Eugénio de Andrade

eugenio-de-andrade-ultimo-poema

Las cabras
Por todas partes donde la tierra sea pobre y alta, ahí están ellas, las cabras -negras-, muy femeninas en sus altos menudos, de piedra en piedra. Amo a estas desvergonzadas desde pequeño. Yuve una que me dio mi abuelo, y él mismo me enseñó a servirme, cuando tuvieses hambre, de aquells odres llenos, tibios, donde las manos se detenían lentas antes de acercar la boca para que la leche no se perdiese por la cara, por el cuello, por el pecho incluso, lo que sucedía en ocasiones, quién sabe si adrede, el pensamiento en la vulvita olorosa. Se llamaba Maltesa, fue mi caballo y no sé si mi primera mujer.

Vastos campos
Voy a hacerte una confidencia, quizá ya haya empezado a envejecer y el deseo, ese perro, me ladra ahora menos a la puerta. Nunca he necesitado visitar curanderos del alma para saber lo vastos que son los campos del delirio. Ahora voy a sentarme en el jardín, estoy cansado, septiembre ha sido un mes de venenosas claridades, pero esta noche, para mi alegría la tierra va a arder conmigo. Hasta el final.

[ambas prosas son obra de Eugénio de Andrade (ps. de José Fontinhas, 1923 – 2005) traducidas y seleccionadas por Ángel Campos Pámpano para la antología Todo el oro del día (Pre-Textos, 2002)]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s