Hablemos de Francia 98

footixEra una broma de mal gusto que Stéphane Guivarc’h fuera el delantero titular de la selección que triunfó en Francia ’98. Un delantero torpón, inofensivo, un mueble -en lugar de nueve- en toda regla haciendo sombra a Trezeguet y a Henry. Seamos francos, Aimé Jacquet no era un genio del jogo bonito; más bien curtía el XI del Gallo con un equipo lleno de tordos y tarugos que repartían cera a mansalva: los Leboeuf, Blanc, Desailly o Thuram no eran precisamente hermanitas de la caridad. Únicamente les quedaba encomendarse al orden de Vieira, a los chispazos de un Djorkaeff que de tener diez centímetros más alto se lo hubieran rifado los mejores equipos europeos, y las genialidades de un todavía peludo Zidane. Entre moles de piedra y fuegos artificiales Stéphane Guivarc’h no pintaba nada, aparentemente.

El calor cayó aquel año a plomo. Jornada intensiva de 9.30 a 13.30. La temporada de balonmano había acabado por lo que una buena alternativa era ir a la televisión del estudio, ya en casa, para ver alguno de los partidos que se emitían a primera hora de la tarde por La 2 a la hora de la siesta mientras me refrescaba con un interminable vaso de Dan’up! Los resultados de la Floja no se me olvidan: derrota inicial -cantada de Zubizarreta incluida- contra Nigeria un sábado al mediodía, empate contra Paraguay un viernes por la noche mientras íbamos hacia Plasencia a pasar el fin de semana y victoria contra Bulgaria tras haberd85e03a04cf4bd00fe962622af285a90 estado en la feria de San Juan… ¿o me confundo con la Eurocopa del 2000? la verdad es que en aquella época en la que Raúl todavía era el 10 de España y se jugaba con un equipo más bien amarrategui – el famoso 5-4-1 de Clemente ¿a quién le decías de ahí que sacara la pelota jugada desde atrás?- la afición nacional era poner a caer de madre a Clemente y a criticar a los seleccionados: qué coño pintaba Celades en la selección si era andorrano; que si Zubi estaba viejo; por qué Morientes no jugaba más o si Alkorta no tenía un sustituto de garantías…

Siempre existirán las sorpresas, los fiascos de Alemania, Argentina o Italia, pero también aspectos que por mucho que queramos no han cambiado: Irán y Estados Unidos compartían grupo, tras una temporada de escalada de tensión entre ambos países. Veinte años después estamos políticamente igual, el joío día de la marmota.

Cuando mis niños me preguntan si tengo ganas de que empiece el Mundial, hago mío por unos instantes el papel de adulto responsable y les aseguro que no, que el fútbol dejó de ser importante para mí hace muchos años si alguna vez lo fue. Pero por otro lado cada cuatro años recuerdo un viaje de vuelta a Badajoz desde Lisboa, primera vez que fui, escuchando la final Francia – Brasil; o me recuerdo espatarrado en el parquet del estudio observando cualquier medianía que ponían después de comer y siento cierta nostalgia. Por ello a los mayores los tengo sobre aviso: si ven que cierro la puerta del despacho y bajo la persiana exterior tienen la orden de no molestar: estaré siguiendo en silencio, por radio, cualquier partido apto para Maldinis acompañado de un helado o un batido de yogur de fresa interminable. Como en mil novecientos noventa y ocho.

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