Robar es una virtud

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Ya de mayor -calzo un cuarenta y tres y visto veintiocho años – empecé a recelar de los políticos; mucho antes había empezado a desconfiar de los partidos al ver los vetos, rivalidades y disputas. En realidad lo que sucede es que los partidos mayoritariamente son conservadores en su fuero interno, no atienden a renovaciones o lavados de imagen si el cambio provoca alterar el orden de las sillas y el consecuente reparto de caramelos. Estoy seguro que hay hecho algún estudio sobre las motivaciones de algunas personas sobre cómo el poder-dependencia crea dependencia, necesidad; como una ludopatía próxima a cronificarse dentro de uno mismo. La pillería ibérica, retratada con un buen saber hacer en el Lazarillo de Tormes es una broma comparado con las noticias que se suceden. Pillería no es tener a un gobierno lleno de patanes, sino constatar que se ha convertido en un zoco de favores e intereses personales agraciado los aparatos de los partidos y los mercados que sustentan el sistema político de un estado tan decadente como soez. Los partidos se han visto convertidos sin que nadie lo remediase en verdaderas en agencias de colocación de tragasables y peinamonas, por tal de librarse los cabecillas de turno de manera elegante a quién molesta. Damnificados por la renovación democrática se aseguran a posterioridad un buen colchón y sustento económico; jugando también la hábil estrategia de tirar de la manta para mostrar la mierda encofrada en los principios del y tú más. La clase política en su noventa y cinco por ciento ha mutado hasta ser adalides del hurto y la premeditación que indirectamente venden el titular de robar es una virtud con insufrible inocencia, sin nombrarlo pero predicando con sus ejemplos y trayectoria, siendo el verbo de la primera conjugación mucho más que aquella acción de alargar la mano y sustraer para uno aquello ajeno. Roban la voluntad, la justicia y los aires de cambio autoproclamándose portavoces de un hastío provocado por ellos mismos, existiendo todavía imbéciles que les bailan el agua. Robar será una virtud pero ser invidente es un gran problema. Y dudo que haya una decena de millones de ciegos en el país; máxime cuando la cifra de imbéciles parece estar en alza.

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