¡Otro mayo es posible!

15 de Mayo 2011: Aquel día en que me manifesté yo solo durante toda la noche y que no sirvió para nada (extraído del diario de Luís Felipe Comendador)

Mi cabreo viene de bastante atrás y se empezó a llamar ‘indignación’ cuando leí a Stephane Hessel [al que he recomendado leer en estás páginas en varias ocasiones]… y también he dejado montones de páginas escritas en esta bitácora al respecto de la revolución necesaria y de la urgencia de tomar la calle. Pues bien, ayer, después de leer todas las noticias alrededor de las protestas ciudadanas en varias ciudades españolas, me dije: “Felipe, no puedes quedarte quieto ahora, debes ser consecuente con tus ideas y con tu discurso”, y me tiré a la calle solo, con mi paquete de Chester, un paraguas y un cartel que rezaba “OTRO MAYO ES POSIBLE”. Estuve sentado solo durante varias horas en la Plaza de España bejarana, hasta bien entrada la noche, y os juro que me sentí bien, me sentí gozosamente pleno y lleno de una satisfacción particular que poco a poco se iba transformando en la alegría de ‘ser’ y ‘estar’.

No sé hacia dónde nos llevará esta protesta ciudadana y cívica que crece cada día, no sé si terminará siendo manipulada, sofocada o se convertirá en el futuro necesario… pero sé a ciencia cierta que es una luz que individualmente estaba buscando desde los últimos años, una luz de ‘desgálibo’ que me dice que hay esperanza y que hay que estar al pie del cañón, intentando dar ejemplo a quien quiera tomarlo, porque el futuro está en nuestras manos, solo en las nuestras.

Durante mi sentada pacífica y silenciosa tuve la visita de algunas personas que se solidarizaron con mi postura, algunos paseantes me hicieron fotos y un par de jóvenes muchachas me acompañaron en la sentada durante un ratito… también me visitaron tres agentes de paisano de la comisaría bejarana y me rogaron que me identificase con amabilidad, cosa que hice con la misma amabilidad que ellos tuvieron conmigo. Esta mañana, al ir al trabajo, aún estaba mi cartel colocado en la fuente como una señal inequívoca de respeto hacia lo que decía [aún sigue allí bien visible y son ya las tres de la tarde]. Ya en el trabajo recibí la visita de otros tres agentes de la comisaría distintos a los que me identificaron por la noche… querían saber si iba a hacer más protestas, cuándo y de qué manera… les indiqué con educación que me manifestaría justo cuando me apeteciese y donde me apeteciese, y que siempre lo haría pacíficamente y en silencio.
Ahora estoy satisfecho y con ganas de hacer lo que me pida el cuerpo.

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