5E – Perspectivas lisboetas

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1. Cuando uno sale de Lisboa o la observa desde cierta perspectiva cree que un antiguo Dios Creador borracho decidió tirar casas, colinas y empedrados por doquier, sin reparar en el absurdo o en el caos de carreteras que a diario se embozan de mañana y de noche, curvas peraltadas o monumentos/infraestructuras que aguantan porque tienen que aguantar sin más motivación que no crear un pitote tan grave como fueron los tsunamis, terremotos e incendios padecidos por Olissipo a lo largo de su historia. Lisboa aguanta porque entre tanta chancleta roñosa, pánfilo de turno y abrazafarolas de despedida de soltera hay un reducto que quiere sus secretos decadentes y blancos, puros. Sin ser revelados salvo por la sorpresa de aquel que tropieza con una joya sin querer y encima se disculpa.

2. Oído en el Galão: “los españoles son lo suficientemente descerebrados para beberse un mejunge refrito que desvirtúa nuestra razón de ser”. Tomé ya en Barcelona un tallat y entraron en mi vientre los doce mil males premonitorios al escuchar el silbido agudo de una cafetera Saecco localizada en la zona de embarque de El Prat. Llegan los meses de sufrir, ya veréis.

3. Una de las cosas que más me sorprenden de los supermercados lusos es la gran cantidad de panes y pasarratos que existen. Leonor, en su empeño por introducirme de golpe y porrazo en las costumbres gastronómicas del país el pasado verano, cada día venía con una novedad a la mesa, nunca faltó de nada. El sábado la veía perdida entre escaparates y algo le faltó que no pudimos llenar del todo.

4. Lisboa puede ser una tierra de oportunidades para lo bueno y para lo malo. Pistoleros y conspiradores tuvieron allí su teatro de operaciones: unos después de llevarse a media monarquía por delante les pagaron con la misma moneda al momento. A los segundos les dieron boleto después de ver que a Pombal se le había calentado el morro, salando medio barrio. Y luego diréis del tan manido y popular “fado, fútbol y Fátima…”

5. “Aquí hay taxistas que igual te venden droga como quien vende aceitunas”. El comentario de los cinco días ha sido a cargo de un veterano taxista crítico con el sistema de licencias de transporte. Por unos momentos considero que pueda ser anarquista, pero caigo rápidamente en que a los lusitanos, como a los íberos, nos pierde poner a parir todo. Su queja no va atentando al noble gremio del taxi sino a la proliferación de camellos por toda la ciudad; muchos de ellos mojigatos que juegan a ser Pablo Escobar con un cortauñas y una pinza del pelo. Obviamente todo es ironía hasta que sucede: dos veces seguidas en menos de cien metros en Porto. Pero de Porto me interesa hablar de las tripas –os tripeiros, son los ciudadanos de Porto- y eso será otro día. Con más tomate, más pimentón y algo de tocineta. Tomad asiento.

Foto: tomada hoy en Portela, instantes antes de despegar hacia Barcelona.

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