Sobre mis buenas noches

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Justo cuando apago el ordenador hojeo en la agenda Moleskine, antes de dormir, las cuatro o cinco líneas que sintetizan mis duties del día siguiente. Puede parecer curioso, porque en sus entrañas no hay rastro de versos. Soy pragmático, conservador si cabe y por ello mi agenda tiene sus funciones bien delimitadas: tengo apuntados correos electrónicos de compañeros de trabajo, direcciones postales de amigos que viven en el extranjero, horarios de trenes regionales hacia Barcelona y Tortosa, códigos de vuelos pasados a Madrid y Lisboa, listas de la compra e incluso fechas de aniversario. Hoy -por ayer lunes- mientras tomaba un cortado entre reunión y entrada en el trabajo habré rellenado veinte días de trabajo. Durante lo que queda de mes e inicios del siguiente tengo lecturas, reuniones, grupos de trabajo, talleres de Sant Jordi, talleres de promoción de salud, cursos de formación, colonias entre semana -y dormir en un colchón ajeno al mío-, colonias en el Puente de Mayo -y dormir en una cama ajena a la mía-, un vuelo, diversos subebaja a Barcelona al ritmo de cocinar una sopa-prisa…

Aún con la paliza propiciadora del sueño continúo despertándome de madrugada. Duermo poco, pero tranquilo y con una botellita de agua a mano por si tengo un repentino ataque de sed de madrugada. También dejo un dedo la ventana del cuarto abierta para oír el baile de la lluvia cayendo por el patio de luces. Aún pese a mil cosas sigo sin preocuparme de nada -de nadie es otra cosa, os lo aseguro- aunque mis espalda se queje de la humedad de las precipitaciones y del corre corre de mi agenda. Aún así, me gustaría tenerla más ocupada todavía, repleta: no me irritan mis quehaceres apuntados allí, excepto cuando llega el momento de entrar en la web de la Seguridad Social -desagradable oxímoron, por cierto- donde veo que los meses y los días se suman muy lentamente al cómputo general. Por suerte el proceso es bimensual; ahí, en ese momento me cabreo, me indigno ligeramente y tengo algún que otro pensamiento cruel hacia terceros… pero el mal cansa y no extiendo mucho mi mal humor. Llegado al día de cómputo anoto los datos, suelto algún taco y pienso en las noches de dormir fuera de casa y en los aviones por coger. En los abrazos que tengo que dar también, no lo negaré. Acomodo pues, mi cuerpo entre los cojines y una caricia de la almohada, durmiendo tranquilo hasta el desvelo. Me tranquiliza saber que en mi agenda tengo todo apuntado y voy a la par que el destino, porque si no, éste acabaría conmigo: nunca me ha avanzado. A corto plazo veremos si el destino puede alcanzarme porque estoy convencido en que voy a dar la vuelta a la tortilla e iré yo marcando el ritmo definitivamente.

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