[120] Libro del desasosiego

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Comparado con los hombres simples y auténticos que pasan por las calles de la vida con un destino natural y callado, esos personajes de los cafés asumen un aspecto que no sé definir más que comparándolos con ciertos duendes de los sueños -personajes que no son ni de pesadillas ni de amargura, pero cuyo recuerdo, al despertar, nos deja sin saber muy bien por qué un sabor como a hastío ya pasado, una desazón por algo que no nos recuerda, pero que no se puede definir como suyo. 

Veo las figuras de los genios y de los triunfadores de verdad, aunque pequeños, navegar en la noche de las cosas sin saber lo que cortan sus proas altivas, en ese mar de los sargazos de paha de embalar y virutas de corcho.

En esto se resume todo, como en el suelo del zaguán del edificio de la oficina, que, visto a través de las rejas de la ventana del almacén, parece el cuarto de la basura.

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