Aquellas lecturas gamberras

28279549_10215074338828448_8813358644155185547_nDecía el primo creador (de Centrifugados, no crean ustedes otras cosas) que las lecturas gamberras era el término ideal, porque quizá llamarlas lecturas golfas era apuntar demasiado alto. La sala Impacto se combinó un cóctel de lecturas interesantes; algunas más suaves y aterciopeladas –Esther Muntañola nos robó el corazón, Judith Rico hizo que lo cerráramos en un puño- y otras más picantes y algo desconcertantes como la intervención de Luciana Garriga, descolocándome ante un giro inesperado de la velada. Hubo guiños al humor: Ben Clark y Álex Chico tuvieron unas intervenciones brillantes con sus versos y comentarios; es válido recordar que a partir de la hora de la cena y de la tercera cerveza el cuerpo relaja sus defensas y el consumo de bebidas ligeras -o no- provocan que el más mínimo comentario inocente provoque alguna que otra carcajada. Como dato, decir que algunos madrileños reconocieron el domingo por la noche a tres piezas buscando al tío Chus por cierto bar de la calle Ruiz de Madrid, haciendo bis de la participación de Gonzalo Escarpa del día anterior por la noche, todo sea dicho. Y el esfuerzo por aguantar estoico en el epicentro de la poesía intensita estatal aseguro que valió la pena.

Es de agradecer la informalidad que da subir a un escenario más pequeño con un tercio o cubata en la mano y leer sus poemas con una sonrisa ligera en la boca. La poesía es natural, espontánea y creo que los ambiente más desenfadados nos hacen ver más cercanos a la persona que está leyéndonos sus creaciones a tres pasos de nosotros. Sea por el cambio del espacio -del auditorio a una sala de conciertos- pude observar dos cosas: la primera es que algunos poetas deberían repasar un pelín sus textos antes de la lectura y seleccionar qué poemas o partes afrontar si el contenido es extenso. Quizá es preferible leer piezas cortas para concentrar la atención de un público más disperso a priori que en un auditorio y con un tiempo de intervención seguramente acotado. Y estoy seguro que fue un despiste fruto de los nervios y sorpresas de última hora. Lo que sí sobran son las cuñas metidas con calzador entre poemas sin venir a cuento: seas ganador de un grammy o galardonado con el Goncourt, según qué comentarios sobran. Aseguran los proctólogos que algunos poetas tienen un ego tan profundo como la pala de una retroexcavadora; humildemente (por lo tanto, nada de humildad en el siguiente comentario) creo que disimular el ego, si se tiene, es igual o más importante que leer un poema.

Gracias también a Paco Najarro, Víctor Martín Iglesias y a Julio Hernández, nuestro negrosexual. Abrazos también para Elena Román y Ángel Manuel Gómez Espada por las presentaciones. Sois fantásticos.

Foto: no es la figura de Ben Clark en el Madame Tussauds de Londres, sino Ben Clark de carne, cerveza y huesos en su lectura del pasado viernes por la noche.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s