Centrifugando distancias y puñetas

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Será que con el tiempo he dejado de ser un blanco joven afrutado para ser un brebaje a ratos avinagrado y por eso lloro poco. No recuerdo las veces de emocionarme o directamente derramar alguna lágrima más allá de las despedidas previas a controles de aeropuertos y estaciones de ferrocarril. Debería decir, alegar únicamente que he llorado por culpa de la poesía dos veces. La primera hace ya casi nueve años, cuando falleció ACP. La segunda, el pasado domingo en el cierre de Centrifugados. Estoy convencido que, si no fuera por ambos acontecimientos no sería lo que soy ahora. Es así: la poesía, ACP y Centrifugados han influenciado mis viajes, lecturas y en experiencias de vida. 

Marché de la periferia para vivir en otra a mil kilómetros. A lo largo del tiempo mi familia se ha distanciado -físicamente, porque en mi carne conservo y acreciento el amor- mis amigos, los de verdad, la mayoría emigrado para un futuro mejor en Madrid, Sevilla, Alemania, Reino Unido e incluso Estados Unidos. Cuando vuelvo a Badajoz, la última vez el día de Año Nuevo, observo decadencia congelada: si se ha avanzado en todo el tiempo que llevo fuera de la ciudad creo que muchas veces ha sido por inercia, porque es natural avanzar pero todo recuerda a lo que era ya la región. Menacho, desnuda. Un teatro de primera que cuesta llenar a carretadas. Un Palacio de Congresos reseñado por el MOMA de Nueva York dedicado a eventos de fin de Bachillerato y estudios universitarios. Y cada vez las sensación, en las carnes -porque en mi carne llevo todo un amor- la certeza que no es ya que no podamos volver a Extremadura, sino que se nos agotan las oportunidades de ir: la región se está convirtiendo en un geriátrico y en una exportadora de talento a terceros; con un sector industrial inexistente -cuando las empresas reconocen que les es más barato manufacturar sus productos fuera de la región…- y cualquier iniciativa dispuesta a lubricar y mover el vetusto motor cultural de Extremadura sufre el boicot de las instituciones. Quizá el error está en creer que en Mérida, en Cáceres o en Badajoz hay vocación para tirar adelante un proyecto ambicioso que ilusione, que dé nombre a una región acomplejada y sumida en comparaciones tediosas.

No conozco los motivos para entender por qué la única región en donde desciende el consumo de libros de ocio desde 2011 y se enorgullece de su influencia latinoamericana y raiana puede permitirse el lujo de prescindir de Centrifugados – Encuentro de literaturas periféricas. Ahora las instituciones hostiarán por la espalda a los organizadores por no apostar por la región. Recordemos que uno de los reclamos de Extremadura es la ornitología, en especial entre otras aves, la contemplación de los buitres. A los que nos queda poco en la región nos lo ponen difícil: primero, una tierra de nadie contra la que hay que luchar para ir hacia allá; y después la sensación de impotencia que nos recome, supongo, observar las trabas que supone realizar actividades cohesionadoras de diversas realidades en un mismo espacio común para todos: la periferia, Extremadura. Me quedan pocos espacios de encuentro allí, pero sé que de una manera u otra todo se solucionará; prefiero ver el vaso medio lleno. Lo que unen los abrazos no hay distancia que lo quiebre. De distancias, fronteras y demás puñetas creo que sé un poco.

Y si no, nos veremos en Cleveland.

Foto: Foto del concierto de ‘De la Carmela’ el pasado viernes 23, publicada en El Periódico de Extremadura.

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