Suerte que son libros, Rafa

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[Gràcies Rafa i Genoveva. La ciutat, i el pais, treurà profit de la vostra generositat.]

Leyendo la noticia al fondo de un puente parpadeando y un barrio humilde que en un tiempo estuvo lleno de asesinatos, alguna tortura pública y acciones legítimamente clandestinas después de tomar un café, no cuatro como tomaba Pepe Carvalho en sus bares de confianza, sin fumar de pipa como fumaría Makaris pensando en el comisario Kostas Jaritos, apoyado sobre la cancela de cualquier fábrica abandonada de A. En la calle hay un resplandor naranja tintineando sobre el asfalto quebrado de la Rua da Creche por dos líneas de acero que guían un tranvía que adolece de casmodia repentina frente la antigua Loja. Era el pasado tres de enero y Os Lusíadas se convirtió durante cinco, seis pero no más de siete segundos en el lugar perfecto para que Kostas Jaritos o Pepe Carvalho, tan poco frugales como heterodoxos hicieran de las suyas sin venir a cuento de nada; todo lo contrario que sus enlomados: desde hace poco más de un mes tienen otra vida en un barrio igual de obrero pero más tranquilo que A. y no hay punto de comparación posible. Queda por ver si los cerca de trescientos libros serán tratados de la misma manera con la que fueron atendidos y con similar apetito lector, aunque de una ciudad con tantos secretos, líos, escándalos, mierdas y chanchullos o de un país hasta las cejas de basura, caería en recesión de nuevo si tuviera que poner en nómina a cada uno de los protagonistas de cada novela, al encargarlos la penitencia de ir tras tanto chorizo, chuloputa, mamonazo de corbata o traficante de doble vida. Suerte, pues, que son libros y nada de esos nos tiene que preocupar en principio; si no caeríamos en la ruina aunque Vázquez Montalbán fuera un visionario advirtiendo a todos con su España no está preparada para nada. Mankell y Jaritos (y Manolo, por supuesto) tendrían que hacer años, ya no horas, extras para destapar la ponzoña de un estado en ruinas. Suerte que son libros, repito, y la ficción aunque incomode suele ser más amable que la realidad. Suerte, la de todos, aquellos disfrutantes que, disfrutarán de un trozo de historia, de una buena lectura, o no. Porque en un país donde (y en una ciudad) donde lo cutre es denominado cultura y se le da un bombo insultante a la mediocridad no me extrañaría que no se pusieran en valor. De verdad lo creo.

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