La disciplina en una mirada

NK

“Entendía el odio con que el guardia de la aduana me miraba. Era un oficial de uniforme nuevo y completo, botas relucientes, galones brillantes, tal vez sesenta años, tal vez padre de alguien de mi edad. El compartimento tenía cuatro plazas. Mi maleta estaba encima de la cama de arriba, a la izquierda. Yo estaba esperando en el pasillo del tren, entre toda la gente que también esperaba. Cuando llegó mi turno, entré Él estaba de pie, sujetando mi pasaporte abierto, como si me comparara con la fotografía pero sin mirarla, solo observándome, severo, de hierro.

Su mirada ponía mi cuerpo entero en tensión. Yo entendía esa tensión. Allí significaba orden. Ese era también el motivo para el aparente odio, o desprecio, con que me miraba. Al final no era odio, era disciplina. Entendía la disciplina con que el guardia de la aduana me miraba.

Pero ese momento no podía durar para siempre. Hubo un instante en que bajó su mirada sobre el pasaporte. Sé que mi fotografía le sonrió, pero no noté ninguna reacción en su rostro. En aquella parte de Asia, una sonrisa puede expresar algo muy diferente de lo que me hizo sonreír cuando estaba ocupándose del pasaporte. Con frecuencia, una sonrisa puede nacer de la incomodidad, del apuro, o, incluso, del sufrimiento. El guardia no estaba siquiera cerca de sonreír.”

Dentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte
José Luís Peixoto

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