Tabarnia y el país que quiero

DSAq_kkWkAAEFTqDejé de leer en profundidad El País hace tiempo, cuando aparcó de lado su neoprogresismo complaciente a ser un azote de la socialdemocracia y cualquier alternativa de izquierda que cuestionara el status quo vigente. No obstante, en la portada de su edición de hoy (un día antes del Día de los Inocentes, por tanto, ha de ser tomada en serio aunque el periódico en sí sea una caricatura) se resumen varios de los principios del país que quiero. Empiezo con Bienvenido a la república independiente de Tabarnia, donde seguramente el hábil periodista, formado y demás que ha escrito la noticia sabrá por un lado discernir entre un proceso de separación y otro: uno, democrático y otro surgido del odio y como reacción a una realidad en las urnas: mayoría independentista de votos y escaños. Mientras que por un lado nunca se ha intentado la balcanización del problema, en la lógica de Tabarnia se quiere unificar -pintar de rojigualda- una disparidad latente y negar la mayor de la pluralidad de la tierra que les ofreció en acogida. Utilizar términos como “levantar una frontera”, “quitar derechos como españoles”, “acabar con nuestra industria turística”, “la lengua en que tenemos que estudiar, comunicarnos…” dirige bastante a quién va dirigida la propuesta: a gente sin un base de conocimiento, que no entiendan que no se levantará una frontera -tratados bilaterales, como se hace en todo el mundo-, que no se les retirará la nacionalidad española -a no ser que los mentecatos de Nuevos Ministerios decidan quitar la nacionalidad a millones de ciudadanos españoles, también- y que no conocen la cruda realidad de la escuela en Catalunya: justo en Tarragona y Barcelona se necesita una reestructuración de la educación en catalán porque el uso en la escuela va en picado. Justamente lo que argumentan los tabarnarios.  Por si tenéis curiosidad, algunos agentes y organizaciones que apoyan directa o indirectamente este delirio son nada sospechosos de sus buenas relaciones con Catalunya: Fundación Francisco Franco, Ciudadanos, prensa española vendida al régimen, Societat Civil Catalana. Todo bueno.

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La imagen de portada y la noticia sobre el gasto militar van relacionadas: quiero un país justo y aglutinador, donde se proteja al ciudadano en sus puestos de trabajo  y no se condicione su progreso a unas cifras que deterioren su dignidad. Jugar a los soldaditos nunca es una opción y menos ahora. Está claro que descabezar las partidas a Defensa es complicado, más cuando en el Ejército todavía aguantan militares de la antigua escuela que son reacios a cualquier modernización o reflexión sobre su nuevo papel en la sociedad -vocación de servicio público, nunca de acción/reacción o cómplices de conflictos armados-. La derecha ve la protección social como un acto de beneficiencia, mientras que las opciones más progresistas a priori toman un grado más de conciencia humana y universalidad del servicio. El hecho de invertir esa millonada implica que no se están haciendo las cosas bien y que, llegados al caso algún día nos recetarán algunas balas para el dolor de cabeza si, por ejemplo, continúan cargándose el sistema público de salud -vamos, la morterada de millones presupuestados podría ayudar un poco a paliar la situación, ¿no?-.

Por último a pie de página, queda claro que quiero una defensa del patrimonio limpia y justa, sin órdenes judiciales ni denuncias de por medio que provoquen el deterioro del mismo y a la vez una quiebra social avivada por el revanchismo. Existen mil y unas maneras de compartir -es lo que queremos, compartir un espacio, tener un trato de tú a tú desde dos singularidades políticas distintas que, mejor o peor, nos hagan avanzar hacia objetivos comunes y particulares- sin mentiras y sin herir. Y como siempre pedagogía: el verbo herir está muy presente en el comportamiento innato de España y se ha de tratar y cuidar con callo.

Actualmente no hay una alternativa viable para mantenerse en España. Por un lado están los partidos reaccionarios, unionistas, y por otro una izquierda transformadora que es más una casa de barrets que una alternativa política viable. Todo se resume en aceptar mayorías, reconocer el fracaso y ver en ello, por parte de España como una oportunidad para crecer y negociar de igual a igual. Aunque la verdad es que nada podemos esperar de partidos que con muertos y pólvora en sus manos, nunca se sentaron a negociar de verdad con nadie. Carisma nacional.

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