No son las mejores novelas… (ed. 2017)

[Título completo: No son las mejores novelas para muchos, pero sí lo son para unos pocos o eso quiero suponer (ed. 2017)]

tren-nocturno-a-lisboa-portada-libroÉpoca de balances, segunda parte. Aunque la prosa no fue tan recurrente en las lecturas del año que acaba, algo sí que he consumido. Como pasó con el anterior recogido de lecturas poéticas no todas han tenido sus comentarios aquí. pero no es obstáculo para hablar de libros como Número Cero (Penguin Random House, 2015) de Umberto Eco y su sátira sobre el periodismo, las pajas mentales que sacuden con carroña tan sufrida profesión o sus venenos. Cuando apretó el calor tocó una doble ración de diario: por un lado escribir el cuaderno de viaje de Portugal y a la vez, mal leer los Diarios: 1956 – 1985 (Penguin Random House, 2015) de Jaime Gil de Biedma e inmiscuirse en las inquietudes, contradicciones y animadversiones de una de las mentes más lúcidas de la poesía del estado. En Portugal, justo después, resacoso de pão com chouriço y Sagres -inciso: uno nunca se cansa del sabor potente y rozando el óbice repetitivo del bocado luso- viví la resaca lectora con novelas de Antonio Lobo Antunes: Esplendor de Portugal y Manual de inquisidores ep(amban Penguin Random House, 1997 y 2016 respectivamente) donde se radiografía la Portugal desconcertada, desubicada de salazarismo y arrancada del colonialismo negro: la Portugal, en definitiva, que aún cree ser Lusitania en corrillos y Badajoz es el paraíso del caramelo y el azúcar glas. La noche del Primero de Octubre aguanté como pude en mi colegio electoral con José Saramago y Ensayo sobre la lucidez (Alfaguara, 2004) donde se reunía la paradoja de, en plena democracia algunos querían volver pasos atrás a las situaciones inmisericordes del salazarismo también y de sus sombras. Acabando mi particular trilogía portuguesa con Tren nocturno a Lisboa (El Aleph, 2010) donde Pascal Mercier remarca una visión foránea de la camaleónica resistencia de izquierdas en la dictadura de Salazar. Redescubrí a Nick Hornby leyendo Fiebre en las gradas (Anagrama, 2008) previo paso de ver Fever Pitch o un Colin Firth desgarbado; poniendo su espigada figura al servicio de la interpretación de un apasionado hincha gunner

Acabo (en general). Pese a agotarme su lectura, seguramente Rayuela (ed. Seix Barral, 1984) de Julio Cortázar sea el libro que más me ha chocado todo el añ, caminando sin caminar, cansándome y enriqueciéndome a la vez que leía cada una de sus partes hasta su desembocadura; es decir… desfondado pero feliz. Y acabo con El último libro de Sergi Pàmies (Anagrama, 2001) o la única incursión sincera realizada hacia el relato corto, en un libro cotidiano donde las escenas extraordinarias rompen las corrientes del día a día.

Lecturas navideñas: hasta donde me dejen los trenes, Fresy Cool, de Antonio J. Rodríguez (Random House, 2013) Y luego ya veremos. Quizá algo de Chirbes: tal como están las cosas es una apuesta segura.

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