Sixena

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Orgullosos, los maños se autodenominan tozudos y testarudos, siempre con una sonrisa en la boca; postura nada mala a priori si lo que uno no intenta es robar a costa del buen hacer. Robar con prisas, sin esperar a una sentencia en firme -ya sabemos que la ley según para qué es aciaga- y con un falso orgullo de haber descubierto de golpe y porrazo una herencia común que les era extraña hasta hace poco más de seis meses; un orgullo que está apartado de cualquier estima porque lo potencia el odio. Es así. El odio lleva a un cafre pregonar a gritos un supuesto expolio cuando en realidad existió una venta documentada y una conservación y restauración de piezas palpable. Todo lo contrario que las humedades de los sarcófagos reales de Sixena o las dudosas habilidades de manipulación de lotes de transporte de las piezas requisadas (un curso de destrezas básicas no les iría nada mal, así como un curso de retórica para voceros) Es tan grande el nivel de ineptitud de algunos dirigentes que los políticos y jueces que ordenaron el saqueo del Museu de Lleida se pasaron por el forro los informes de expertos internacionales que ponían la voz en el cielo ante la salvajada que temían que iban a cometer.

Pongo en duda que en el Monestir de Sixena se puedan conservar y exponer a la vez con el mismo rigor que en el Museu de Lleida o en el MNAC; queda demostrado que el Gobierno de Aragón es incapaz de cuidar de sus bienes en las condiciones que desde hace años se llevan tratando las piezas sustraídas en Catalunya. En Sixena no se dan las condiciones para que muchas de las piezas se conserven de la manera más eficiente posible, de ningún tipo. Pongo en duda también que los orgullosos gobernantes tozudos -entiéndase: aragoneses- reclamen cualquier obra más que no esté físicamente en Catalunya. A la vez muestro mis reservas sobre el retorno de los papeles del Museo de Salamanca, por ejemplo, a las principales capitales catalanas. Ya hay precedente pero queda claro que hay ya un agravio comparativo, sin embargo nadie va a atreverse a detener a la marabunta dando golpes con la vara de avellano en la piñata catalana. Es la moda y a la corte suprema de mentecatos del estado les parece casi divertido.

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