Piezas sobre Aníbal Núñez

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Aníbal Núñez

“Igual sucede a nubes y babdadas; análoga
suerte le corresponde a los atardeceres”

Aún hubo tiempo de más: como si estuviera programado, a una parada de metro caminada, acudimos a una librería muy transitada y famosa por sus ediciones de poesía en Moncloa. Luego allí constaté que las dúvidas, como las saudades, se han arraigado fuertemente en mis entrañas expurgando lejos de ellas cualquier aroma a indiferencia. Dudas que en éste caso tenían que ver entre descubrir, libro físico en mano, a Juan Carlos Mestre (1957 – act) o a Aníbal Núñez (1944 – 1987), siendo éste el elegido.

Seguramente Aníbal Núñez, de nombre ambicioso y apellido castellano, sea uno de aquellos nombres que un anaquel de librería parezcan confuso para quien no ha rebuscado un poco en bibliotecas o google. En realidad es uno de los artistas más completos del estado español de mitad del siglo XX hasta su muerte, ya que su facilidad para desarrollar las artes plásticas bordó también su faceta poética, enriqueciendo sus creaciones; con todo ello, amén de sus traducciones -Rimbaud, Cátulo…- logró forjar un AN1.jpgestilo propio. Es por ello que estuvo separado de corrientes, movimientos y etiquetas, aunando brochazos de poesía social, buscando el rigor formal y colocándose entre la poesía de la experiencia y el auge estético de los novísimos. Su carrera al margen de las tendencias provocó que fuera un desconocido en su época y no desarrollara en vida una carrera literaria plena pese a recibir apoyos de postín -Manuel Vázquez Montalbán consiguió que publicara su segundo libro, Fábulas domésticas, en Ocnos; una de las editoriales más importantes de la época- nunca consiguió que se fijaran en su obra. Fallecido prematuramente, su obra empezó a publicarse, con su Obra poética en Hiperión (desarrollada por Fernando R. de la Flor y Esteban Pujals), su Poesía reunida (1967 – 1987)  en Calambur (ejemplar adquirido finalmente, edición de Vicente Vives) o La vida dañada de Aníbal Núñez, en Delirio, donde se disecciona la poética y su producción.

En palabras de Vicente Luís Mora, “la obra de Aníbal Núñez no ha sido todo lo tratada que debiera porque la mayoría de críticos y profesores universitarios no sabían como afrontarla.” cosa que bien puede ser cierta si a una obra alejada de los cánones de la época se le suma una muerte tardía que no correspondió con la plenitud de una obra que se inmiscuye en el vacío a la espera de un cambio convertido en desengaño ante la decadencia de los intereses renovadores. Desafió al canon propuesto por generaciones previas mientras él desarrolla un estilo comprometido en un cambio -¿Transición?- que no llega ni ha llegado a su plenitud sin olvidar el paisanaje rural de su alrededor. Uno de los temas que personalmente me fascina es el desarrollo de poder en el espacio público -hoy, Día de la Filosofía me acuerdo de los debates sobre el mismo en Bachillerato con nuestros profesores- y cómo éste los acapara para priorizar una explotación privada. Es probable que estemos ante un poeta que traza una poesía desilusionada y algo apesadumbrada, recelosa del cambio que no se materializó, superando en matices a la el tizne social de la lírica de la época y ajustando su poesía a la crudeza real del aspecto.

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