Desde el AVE 03023…

LLFCX
Leonor, LFC y un servidor en la Cacharrería de Transilvania…

No me desagrada viajar allá donde el frío era frío. El cambio climático, el calentamiento global y el silencio sobre la capa de ozono a todos nos afectan por igual: resulta que ya no me acordaba de la sensación de frío en las manos -en las mías, me refiero: las de Leonor viven en un glaciar azul encorsetado bajo sus dedos-. Al abrigo y al calor del frío, del verdadero gélido panorama que recordaba busqué, bien; buscamos refugio en el abrazo más tierno y generoso entre versos que conozco. “Coño, ¡todavía vendo libros!” sí, Pipe; pero en realidad el verdadero poema es salir para adelante más mal que bien. El verdadero soneto es comerse a miradas el aliento de Mario y respirar cada una de sus sonrisas y sorpresas. Eso alimenta, da calor y rejuvenece: seguro que afamados proctólogos dan fe de ello.

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Durante los últimos años he intentado ser una persona más serena y menos impulsiva. Más sensata, fría, menos romántica; pero hay momentos donde alguno de mis sentidos traiciona a mi presunta madurez ante imputs líricos. Uno de mis fetiches son los cuadernillos del Aula de Poesía Díez Canedo y ante ellos sucumbo como lo haría una pirámide de naipes ante un ganso con hipertensión. Quizá por eso acepto con naturalidad los ramalazos que el destino me tiene deparado, como adquirir algunos de los cuadernillos que no poseo de dicha aula. Los Javier Lostalé, Diego Doncel, Bernardo Atxaga, Nuno Júdice, Yolanda Castaño, entre otros ahora descansan en la estantería junto a otro buen pelotón dedicado y firmado. El siguiente nivel sería conseguir la firma y dedicatoria de cada uno de ellos; una verdadera ilusión. Una ilusión que distorsiona una realidad -o una programación- como la del Aula Díez Canedo. Ya me duele ver a cierta persona entre tanto grande. Mira que ha habido aciertos y algún que otro fallo… pero lo de Sastre entre tanto contrastado (pichar aquí) es de juzgado de guardia.

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La felicidad está en los libros y en la sonrisa de todos aquellos que los sacan de las bolsas y los disfrutan con ávido interés una antología de poesía mexicana o un facsímil homenaje al Premio Cervantes del 2002. La felicidad está en una cabeza acariciada al vaivén de una curva o un “por favor no te mates con la escalera” de Leonor, siempre tan oportuna y diligente. La felicidad está en la creación de una sociedad activa, garantizando el derecho a la autonomía, como decía Ferrer i Guàrdia. Y por ello me llevo pellizcos de Emilio Sola y Carlos Taibo; para apaciguar con el riego de la lectura. También algo de Ferrer Lerín y la perspectiva del ave que todo lo mira y selecciona. La felicidad está en el abrazo del Humanismo Pequeñito en el que confía Pipe. Y ahí estamos, así nos va ganando.

Postdata: uno no es fotogénico, pero tampoco rompe objetivos. Ay, las fotos…

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