Comiats, adéus…

escola-de-lletres-grocSin duda comiats i adéus suenan mejor que despedidas y adioses, Adéus, con su traducción literal del castellano, quizá su final cerrado le otorga una delicadeza que choca con la áspera reacción de la e final de adioses. Adioses exagerados y raídos de desencanto como las elegías del destierro de Ovidio que uno no sabe dónde está la linde de la catástrofe y de la certeza. Proseguir, enlazando a Ossip Mandelshtam tanteando la suerte que llevaría sus huesos al gulag con Trístia. O con la fina resignación sobre el futuro, versado de ironía de Luisa Castro (“el futuro se descubre ante mí / lleno de hombres que saben decir no, / mujeres que saben decir no / me esperan en sus increíbles fiestas / con sus mejores deseos”) y esperando en la madurez la impaciente un espejismo de nostalgia de los deseos de juventud. Y después, como siempre, el final; porque soy de los que piensan que todo va consumiéndose -o enriqueciéndose, a saber- poco a poco; sin finales abruptos porque todo tiene una continuación: todo, pese a caer en picado modela una trayectoria que descendiente en espiral y vaivenes en cruces hasta atracar en la soledad del final, como decía Derek Walcoot “hasta que estemos solos / con el silencio que envuelve la cabeza de Beethoven”. Una certeza tan cierta como profunda fue su sordera.

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