Inicio del curso

pastelería

Cada mañana compro un cruasán con jamón y queso en sus entrañas -el clásico, con miel, lo dejo para el invierno, cuando consigo bajar en pijama a la fleca de la esquina- y observo de refilón al quiosquero de la placeta. Siempre, en ésta página del calendario dispendia más de media hora colocando con mimo y agilidad un arsenal de cachivaches a la venta por fascículos. La mayoría nadie gozará de ofrecerles una oportunidad y acogerlos en sus estanterías o escritorios. Desconozco si existe alguna persona que no haya caído en la tentación de al menos intentar completar alguna de las colecciones que ahora se anuncian por tierra, mar y aire. Por otro lado, la papelería de delante de casa empieza a recibir cada vez a más padres y niños en búsqueda de gomas de borrar, lápices de colores, plastidecor, aguzas y entre unas cinco o seis libretas de media por cabeza. Podemos sumar a la compra el forro para los libros, pegamento adhesivo en barra -si nos referimos a un alumno de. a lo sumo siete años- rotuladores Carioca, carpetas y el kit de tippex y bolígrafos -a partir de los diez años-. Cada año son las mismas escenas al empezar el curso académico, ahora laboral, pero lo creáis o no ése aroma a libro de texto nuevo lo he ido perdiendo a lo largo de los últimos años; señal inequívoca de la edad que voy acaparando y preparándome para en un futuro volver a escanciar ése aroma, pero siendo ésta vez quien pone el dinero encima del mostrador y no arrimando mis impulsos a la compra.

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