2E – Azulejos derretidos

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El azulejo es el complemento directo en la arquitectura lusa; con el azul y amarillo contrastando con el blaco casi de forma obligatoria en cualquiera de sus variedades norteñas o sureñas, hace que destaque la luz blanca de un país que se tiñe de grises cada verano cuando aparecen en cada valle conatos de incendios que siegan vida por doquier a su camino.

Penetrante al choque de luz, es también un espejo de la nueva Portugal, aquella encaminada por las acciones del Marqués de Pombal. Pombal segó a su paso cualquier tipo de disidencia a su llegada al poder. Algunos de sus actos como el Proceso de los Távora -donde se ejecutó a toda la nobleza de los Távora- le confirió una imagen de sádico y cruel que quedó amagada ante la reconstrucción de Lisboa después del terremoto de 1755 –“¿Y ahora? Se entierra a los muertos y se da de comer a los vivos”-.

Hace un calor sofocante. Hoy Portugal es la caldera de la que se quejaba Pereira, la misma apaciguada con limonada en su época salazarista. La misma caldera que intento sofocar, yo también, con limonada. Como hacía él.

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