3B – Alegato final provisional

bus-airport

Cork, 31 de agosto 2016

Cruzas el puente y es inevitable: la gente te mira, quizá porque llevas cubierta la mochila con aquella funda impermeable que papá compró. Quizá por el pelo alborotado o porque tienes tus pupilas marrones más oscuras de lo normal, como rotas, quebradas de rojos. Y así todo hasta llegar a la estación de buses, ahí es cuando eres tu el que observa: a la chica que abraza a su novio. Al hombre que corre porque pierde el bus. Al mochilero australiano perdido que dormía en tu hostel. Los miras distante a sabiendas de que son corazones que dan la impresión de latir por costumbre. Al caso: dudas si tu corazón late por costumbre y no por sensaciones y sentimientos. Mientras reflexionas sentado en un frío banco de rejilla te rasgas los labios agrietados y fruncidos (señal-de-corazón-de-piedra) y piensas que poco te debe importar, que bastante tienes ya con hacer latir al tuyo pese a que a veces se resquebraje como una piedra en un acantilado. Decides , digo, preocuparte del tuyo, no vaya a ser que definitivamente empiece a latir como si nada o a nadie le importara.

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