3A – Lisa

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Es justo cerrar el círculo con quien cerré el viaje. Me obsesiona la idea de viajar solo. Siempre he necesitado de la independencia -no soledad- para ir por ahí. Y he tenido la suerte que cuando he necesitado compañía han aparecido para disfrutar de momentos únicos llenos de poesía (Fran Amador), poesía y viajes (Leonor) o viajes. Dos locuras, tres combinaciones… porque para disfrutar de la compañía de una persona tengo que armarme de argumentos o estar perdidamente seguro de que quiero a ésa persona a mi lado. Y eso mismo me sucedió con Lisa.  Lisa; chica alemana, diría que del este, a la que le gusta viajar sola. En Dublín, al poco de conocernos me explicó que había estado en Australia y que éste era el segundo viaje de éste tipo que realizaba. Era -y todavía será- una persona enérgica y con una sonrisa perenne: de aquellas personas que tiene los hoyuelos de las mejillas bien marcados. Creo que una vez leí que en la vida hemos de juntarnos con ése tipo de personas, que son necesarias para nuestro bienestar. Risueña pues, goza de una mirada clara y curiosa, inquieta sin más. Mientras limpiaba aparejos de cocina dí con la primera persona con la que poder ir en ruta sin agobiarme. Quiero pensar que ella al menos cayó en simpatía conmigo.

Con ella compartí pintas -las que menos-, paseos -los que más- y conversaciones de libros, viajes, anécdotas, estudios.. Mantuvimos el contacto después de Dublín, cambiamos impresiones de lugares durante nuestras respectivas rutas vía e-mail -cual correo electrónico que escribíamos antes de dormir- y hacíamos acopio de detalles de uno para el otro para hacer el respectivo intercambio de regalos en Cork diez días después. Porque en Cork el destino se guardó uno de los ramalazos que ofrece en determinadas ocasiones: nos volveríamos a encontrar. Allí, al lado del puente de Michael Collins, mientras nos calábamos hasta los huesos y en consecuencia nos helábamos tras estar “toda la noche en la calle” (Eva Amaral dixit). No fue nada espectacular, pero desde el momento de la despedida creo sinceramente en aquellos sujetos que ofrecen un abrazo de más de diez segundos. Y de quince.

Todavía hablamos, mantenemos contacto pero ambos desconfiamos de vernos de nuevo. Lo nuestro fue una unión temporal compartiendo pasiones y la misma guía de viaje, pero más allá de demostrar el amor por viajar y la ternura de compartir palabras, sonrisa y opiniones; de lo demás seré parco en palabras. Hubo poco. Poco, por cierto, a mí no me parece cuando compartió tánto conmigo.

Foto: escribiendo en el diario de viaje, instantes antes de la despedida. The best kept secret.

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