El vigilante del fiordo

Esperar y huir parecen verbos antagónicos pero uno es la consecuencia del otro. Parece que sus significados están relacionados para ser sinónimos, para estar relacionados y unidos por el destino. Porque uno siempre espera no huir. O huye porque algo o alguien le está esperando. Huir por algo, esperar a alguien. Huir y esperar a que pase el tiempo delicadamente y que lo que atormente o lo que se ansíe tenga sentido, coja forma y sea factible lo más rápido posible porque, recordemos: estamos huyendo. Huir, esperar si el vigilante del fiordovan ambos relacionados suenan tristes. Huir no es una retirada sino un proceso forzoso de reestructuración de las ideas sobre el manto de la improvisación en un sesenta y dos por ciento de las veces. Es un acto de camuflaje de la identidad de alguien al que atañe una gravedad. Esperar en cambio es la virtud de aquel que sabe que pacientemente todo llegará, sea bueno o malo.
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En El vigilante del fiordo (Tusquets) de Fernando Aramburu nos encontramos un compendio de relatos y retratos  de víctimas directas de aquellos que decía mi profesor de filosofía que eran perdedores radicales -concepto tomado de Hans Magnus Enzensberger-. Seres con acciones automatizadas y sensaciones a flor de piel, personas que viven con un cóctel de miedo, desasosiego, inquietud e incluso la culpa en sus entrañas, con inquietudes desde la desconfianza provocada por la sensación de estar perseguidos o en deuda de sangre contra sus iguales, sea en medio de un abrazo en el metro de Madrid o con el odio a flor de piel al enterarse de los pecados más odiosos del ser humano ante la carne más joven.

Personalmente habiendo leído ya otro libro de Aramburu como Los peces de la Amargura (Tusquets) uno quizá llega a cansarse de la debilidad o lo recurrente de alguna de sus temáticas -terrorismo vasco en dosis un poco subidas-, pero es quizá el miedo que transmite, la sensación de inseguridad en su lectura lo que le hace atrayente y no cargante; aquella sensación que tienes al cerrar el libro y tocar el pomo de la puerta de casa, asegurándote de si realmente está cerrado. No sé qué esperarme de Patria, también de Aramburu y con el terrorismo de fondo y superficie de la obra, aunque me sugiere la idea de leer una perspectiva diferente del miedo y terror, una innovación de algo que creo haber leído anteriormente.

2 pensamientos en “El vigilante del fiordo

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