2E – El ensayo

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Lo hice sin malicia. No soy un Jonah Lomu en eso de esquivar placajes -sin duda, él se encargaba de arrastrar hacia adelante a quien fuera- pero por tres segundos recobré la agilidad que tenía cuando jugaba a balonmano. Con un cambio de ritmo brusco abrí la finta a la derecha y me tiré en plancha hacia adelante. Yo, que nunca he hecho una plancha me voltee al deslizar con la verde y húmeda hierba: la mano izquierda arrastró una parte de tierra empapada, negruzca, y con la derecha clavé un buen golpe de óvalo en el suelo.

Y anoté. Y sonreí mientras dos compañeros holandeses venían a felicitarme. Era un momento único hasta que el chavalín que hacía de árbitro -un irlandés chaparradito,  algo echado para atrás- invalidó el ensayo por haber hecho uno de los flamencos avant en el pase previo. Dudando y recordando que el rugby es un deporte de caballeros acepté el tongo sin discusión ni protesta y volví hacia mi línea de veintidós para defender los palos.

Un silbato nunca ha de quitarte una victoria moral.

 

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