El escuchante

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basado en hechos reales…

Era como haberse entregado a la suerte de lo inesperado: como si hubiera coincidido en la librería en el momento más inoportuno con Gómez, Laia o Joana. Como si el colmado de estanterías de conglomerado o las baldas adosadas a las paredes estuvieran registrando el momento: con los pies alineados me encontré de nuevo con el que reconoce tus presuntas virtudes, aquellas que le hacen aflorar alguna lágrima y abandonar la sala en ciertos momentos. Pensé en ese momento después de darnos la mano cálidamente y despedirnos cada uno hacia su destino – servidor dirección poesía contemporánea europea; mi escuchante hacia novela negra- y es que la violencia y sorpresa del encuentro, los titubeos, dudas y el no saber de qué hablar resultó hasta agradable. Por ello miramos de alargar al máximo la conversación como si fuéramos dos personas con mundos que contar pero con poca gente alrededor para escucharnos (creo que la selección natural también reside últimamente en la compasión auditiva) y quizá fuera necesario dar salida a tanta palabra acumulada y en barbecho.

Seguramente mi escuchante, emocionado encontrante de historias sintiose identificado en alguna de las historias que oyó. Es cruelmente bonito pararte y hablar con un desconocido, ver en sus gestos las necesidades primarias más escondidas del hombre y luego, al despedirte, caiga la losa de las responsabilidad: creer haberle hecho desaprovechar una oportunidad para que su vida, por unos instantes hubiera dejado de ser anónima.

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