Configuración de la última orilla

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“El camino se reduce a una extensión gris
Sin sabor y sin gozo, lentamente arrasada.”

Leo y descubro a Houllebecq (Isla de la Reunión, Francia, 1956) adorado y odiado por igual en Francia. Configuración de la última orilla, su último poemario de 2014 editado y traducido en edición bilingüe por Anagrama me ha portado una de las mejores lecturas en verso que he tenido en todo el año. Ha sido un descubrimiento antes de Navidad, sin duda.

No son poemas aptos para personas sensibles o para aquellos que esperen versos cómodos -entended por cómodos todos aquellos críticos pero digestos en la razón, que no conmueven-. Son certeras bofetadas de realidad, diapositivas viscerales de una mente radical, lúcida y versátil en la formathumb_14839_portadas_big: juega con el verso libre, alterna poemas con rima y métrica con otros que son una espectacular anarquía lírica. Dentro de la anarquía formal de sus composiciones hay cabida para versos llenos de reflexión (“Y cada edad del mundo, cada edad, su sufrimiento, / Inscrito en su génesis.”), amor (“En el fondo siempre supe / Que alcanzaría el amor (…) Siempre tuve confianza, No renuncié, Mucho antes de tu presencia, Me fuiste anunciada”) o con una resignación latente ante la vida (“Yo pienso en los transbordos; / La vida está ahí, casi dócil, / Simplemente no he tenido suerte”) y al paso del tiempo que va condenándonos a la mediocridad e indiferencia…

Como decía, hay una serie de poemas que a los más puristas no les gustarán. Houllebecq y el sexo van cogidos de la mano: acusado de misógino, la habilidad para la provocación le han llevado a ser tratado como genio y depravado. Ataca directo las necesidades del hombre, aquellas primarias, como si no hubiera freno o límite más allá de la cordura necesaria para distinguir entre lo correcto, lo ético y lo moral que debe limitarnos. Houllebecq se niega a sentir la denuncia como algo tierno y ligeramente punzante, al contrario; debe ser algo crudo y visceral que no debe dejar indiferente. Por ello su estilo puede resultar violento hasta naturalizar el instinto fiero con el que quiere expresar sus confesiones sobre la vida, el sexo, el amor… y la parte oscura del ser humano: describe en una serie de poemas la belleza y atracción juvenil como fuente plena de lujuria y tentación, consciente de estar pisando la fina línea de lo moral -pueden surgir ciertas semejanzas con Lolita- o la justificación de la llegada del final como un proceso natural al que no podemos negarnos a sucumbir.

Tengo pendiente leer Poesía (Anagrama, 2014) donde están sus cuatro poemarios anteriores a éste. Sacar conclusiones de único libro para hablar de la trayectoria de un escritor es complicado… aunque la palabra expectación quizá sea la más adecuada en éste caso.

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