Erri de Luca: Solo ida. Poesía completa

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“Vosotros habéis sido el nosotros, pronombre impersonal de la fraternidad”

La experiencia vital que deja el posos de haber participado en múltiples fregaos -con todo el reconocimiento y admiración, que conste- marcan sin duda la poesía de Erri de Luca (Nápoles, 1950) sea en los sucesos del 68, en la guerra de los Balcanes o protestando -y ser juzgado- contra una línea de alta velocidad entre Turín y Lyon. O sea, como quien no quiere la cosaedl-pc, subiendo y bajando montañas.

La poesía -como la narrativa- de de Luca es un continuo mirar atrás para recordar. Recordar para no perder el norte, mantener las perspectiva y la capacidad de rebelarse y criticar sin miramientos todo lo cuestionable que alcanza nuestra vista, y no solamente como sentido; opinar en el sentido exacto aunque a veces sea llevado a la tímida línea del respeto y el delito. Llegado al punto habría que dudar sobre el deber y si la ley delimita el derecho a cumplirlo, no vaya a ser que pongamos puertas al campo.  Sus poemas llevan la fuerza de la denuncia, estructurados en el compromiso innato de aquel que se inmiscuye en las causas sin medias tintas; aquel que refleja lo que su retina observó y sufrió, que recuerda pero no siente nostalgia porque lo pasado ya es inalterable  y lo único que puede ser transformado es el futuro desde el presente, con esperanza y rebeldía y con memoria del dolor y el miedo que acechan para seguir por los pasillos que en su día acertamos y aquellos que hemos de evitar.

No es una poesía ni formal ni complicada de leer; ni tampoco rebuscada -como podría ser la de Ferrer Lerín, a mi gusto suave aunque ácida de leer y con una estructura compleja, no exenta de calidad- sin abuso del adjetivo fácil y con dosis de desgarro y crítica al bienestar en su composición puntiaguda y áspera en cada verso.

Quizá habría que recordar que Erri de Luca ha sido camionero -transportista de suministros en la guerra de los Balcanes-, paleta, periodista -corresponsal de guerra- y hombre hecho a sí mismo, con un ligero toque lorquiano. No esperemos pues concesiones de ningún tipo.

Los enfurecidos

Hoy estamos desentonados,
si alguien nos insulta ponemos media sonrisa,
pero no con los ojos,
los ojos van a mirar a su garganta,
sin nos insultan dos veces sonreímos
hasta que aquello termina,
pero cien años de espalda doblada
no nos han enseñado a lamer la mano.

(extraído)

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