2D – Lanzarse a la piscina

pub

Después de las palabras del maestro de ceremonias, mientras sonaban unas palmas de bienvenida y pisaba la tarima del escenario, acomodé mi trasero en el taburete. Golpeé un par de veces en el micro y con mi inglés macarrónico me presenté, me dirigí al respetable. Vi comprensión en sus miradas y alguna tímida sonrisa, como si perdonaran mi ignorancia lingüística poniendo todas sus esperanzas en lo que fuera a leer.

Apuré la Guinness de una vez, choqué el vaso contra la mesa auxiliar y con la mano izquierda mis papeles empecé a recitar un poema de Patrick Galvin. Estaba en su ciudad -Cork- y era de recibo leer un poema suyo: Consejos para un poeta fue el que elegí. Conseguí hacer la lectura sin tropezarme -gracias a la pronunciación escrita encima del poema- soltándome poco a poco, consiguiendo algo de expresividad en sus versos… acabando duro, seco y otra vez acorralado. Como acabó él, por cierto: Galvin despertó durante años recelos en la comunidad política de la Isla de Diamante; no me imagino a Éamon de Valera saludándole afectuoso -en cambio a Michael Collins sí-. Cuando acabé de recitar me levanté, y en el momento de susurrar thank you  al micro y posar el pié izquierdo otra vez en el suelo del pub empezaron a aplaudir. Los aplausos provenían del fondo -aquel lugar que ocupan los más viejos del lugar, los más sabios y los buscavidas-. Quizá era un símbolo de agradecimiento… una señal de aceptación, de haber entendido qué significa Irlanda. Las primeras filas aplaudieron brevemente, pero aquellos viejos persistieron un poco más, fijando en mí sus miradas, barbas y bigotes.

Al llegar a la barra Lisa sonrió y me propinó un golpe cariñoso en el hombro. Sin que yo dijera nada, mientras guardaba en la carpeta el poema pidió otra pinta. De sidra esta vez. Bebí a tragos cortos en medio del sonido del acordeón, los violines y las voces carnosas y afinadas de improvisados cantantes que iban desfilando por el escenario. Cuando salimos del pub, pasando la medianoche íbamos intercambiando impresiones antes de despedirnos en la puerta de su hostel. Nos abrazamos, hicimos la foto de rigor y bajo la lluvia me dirigí hacia el mío.

No sé si craic fue toda la noche, la lectura o el abrazo. Hace tres meses ya y todavía no he aprendido a describirlo. Tampoco he aprendido a recordar.

galvin

Patrick Galvin (1927 – 2011) de padre unionista y madre republicana, vivió los años siguientes de la Guerra de Irlanda y el aumento de la tensión entre Irlanda y Reino Unido, su poesía combina perfectamente la tradición gaélica y la influencia europea -la poesía de Lorca, por ejemplo-. No sé si inadaptado social o trotamundos, residió en Londres, Israel, España o la Alemania socialista además de su Irlanda natal, donde era considerado una persona controvertida e incluso polémica. De vuelta a Irlanda creó revistas, premios, festivales de poesía y prosiguió su labor de documentación y recuperación de “canciones de resistencia” irlandesas entre 1798 a 1922. Un derrame cerebral en 2003 fue menguando sus capacidades creativas, provocando su muerte en 2011 en un abandono público notable: su vena de enfant terrible denunciando los abusos de la iglesia y la crítica a las actitudes del gobierno le llevaron al ostracismo más crudo.

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