He explotado

nen

Acabo de explotar. Voy a desnudarme.

No me gusta empatar: o gano o pierdo pero siempre lucho. He dejado atrás la manía de morderme la lengua y no decir lo que pienso o siento. Si callo volveré a casa, me estiraré en la cama y no podré dormir: daré vueltas a todas las palabras a las que no puse nombre. Prefiero ser valiente u osado que estar cabreado algunas noches o pensar en por qué no dije las cosas a tiempo. Me han tumbado cientos de veces, pero siempre me he levantado, incluso cuando un profesor me dijo sin motivo aparente “¿tú que pintas aquí?” en mitad de una clase en la época en la que iba al instituto con vergüenza. O cuando me dieron una patada en el culo en mi primer trabajo tras destrozarme el tobillo -y perdonar algunas cosillas-. Tantas heridas solo han hecho que hagan callo y, al secarse, tenga la piel de la consistencia de las piedras. Reconozco que el corazón también se ha convertido en una roca dura y el único temor que tengo es que se convierta en un pedazo de granito inalterable al paso de las miradas.

He aprendido a vivir al límite. Entiendo el fracaso como un aprendizaje: en la próxima fracasaré mejor; y aunque no me guste sé que cada tropiezo es necesario y cada lección tiene su propia moraleja. He viajado más que muchos de los que conozco y no veo el momento de no hacerlo: de volver a Rumanía y visitar el castillo de Drácula o volar a Luxemburgo y caminar por las Ardenas. No entiendo de imposibles porque he alcanzado la mayoría de cosas que me he propuesto (las que no están por llegar) y siempre van surgiendo nuevas ideas o proyectos que ilusionan y tarde o temprano llegarán. Creo en los imposibles: os lo dice un tío que nació a los seis meses, que pesó poco más de medio kilo al nacer y va sobrado de un riñón.

No solo quiero cumplir mi trabajo, sino también mis sueños. No tengo nada que demostrar ya que soy como un vaso de agua mineral aunque sí complicado de tratar. Creo en las personas aunque me defrauden: seguramente he defraudado mil y una veces más yo, pero sin ellas es complicado vivir cuerdamente.

Crear, observar, escuchar, cuidar, caminar, vivir, sentir, querer y amar son más que verbos que tengo en la punta de la lengua y en el cerebro. Son mis pilares. Son mis principios. Acéptalos o puerta.

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