El dragón

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El dragón quiere con locura. Una locura mal entendida por los mortales: desea amar con todas sus fuerzas, yendo en busca de aquel amor que generación tras generación le ha sido negado. Si cambiáramos las tornas veríamos que muere noblemente defendiendo su princesa ante un rudo -y muy guapo, por cierto- príncipe. Es bueno recordar su facilidad para entablar relaciones de amistad con niños en su más tierna infancia. Cuando el niño crece, el púber olvida o estigmatiza los recuerdos al lado de su compañero escamoso.

Mal de amores y soledad pues, son en general los máximos problemas de los dragones a lo largo de la historia. Pasarán los siglos y nunca nos detendremos a mirar de aliviar sus cargas. Seguiremos acentuando sus complejos y debilidades y, egoístas como somos, sin pensar en ser gratos con ellos.

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