2A – Belfast Oeste

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Mural en recuerdo de Bobby Sands, en una esquina de la sede del Sinn Féin en Belfast.

En contraste al gris y naranja del hormigón y el ladrillo, aquí hay mayor diversidad cromática en los edificios -la mayoria bajos-. Las calles están bastante despobladas y raramente he encontrado un taxi negro cerca de la ruta prevista. A tramos veo que se erige todavía el muro con una espiral de cuchillas en su cima que cortaría de manera certera cualquier piel que intentara superarlo.

Es inimaginable pensar en algo alegre en estos momentos: los memoriales rompen corazón y alma y en algunos momentos incluso he de frotarme los ojos porque se humedecen. Nombres de niños asesinados por el ejército británico y grupos paramilitares en una placa de granito. Mientras que camino por las calles serpenteantes y a la vez me encuentro más solo voy cayendo en cuenta de que la historia ha obviado contarnos la otra verdad. Nos han vendido a los republicanos como a los malos de la película, aquellos que asesinaban e imponían sus ideas a fuego y pólvora durante años. Pero no fueron los únicos; la otra parte de la historia, la de la ultraderecha unionista, monárquicos, protestantes… los amigos del ejército y de Margaret tienen igual -o más- de culpa que los republicanos. Los republicanos han dejado sus escuelas, barrios, centros neurálgicos… han abierto su espacio para convertirlo en público. Han hecho autocrítica y exceptuando grupúsculos insignificantes han apostado por la paz y una Irlanda fuerte que sepa caminar y perdonar a la vez. Por desgracia, muchos unionistas no lo ven así y lo confirma la tendencia: cada vez hay más republicanos y menos pro británicos… pero las posturas de estos últimos se están enrocando cada vez más en un victimismo tácticto: aquel que ofrece la ventaja de saber solamente las medias verdades y en caso de descubrir las enteras, abogan por el desconcierto y la perplejidad que afecta al curioso. El proteccionismo que ofrecía el Reino Unido a la comunidad unionista ha desaparecido y en las zonas más radicales reina una sensación de abandono que poco tiene que ver con la cordialidad que se intenta promover desde las instituciones.

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En contra de lo que pueda parecer comparado con los muros del Este, los de las zonas republicanas, pese a tener cierta carga de violencia sí que tienen una intención más política y memorial, no buscan la confrontación directamente e incluso hay pluralidad: memoriales referentes a otros países, simbología obrera… sin duda un ambiente infinitamente más revolucionario que el unionista, puesto que el movimiento republicano irlandés de siempre ha gozado de simpatías y un mayor apoyo popular fuera de la Isla del Diamante… y la manipulación histórica, en su caso, ha sido mayor.

Marcho hacia el centro de la ciudad con la sensación de haber sido engañado demasiados años.

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