1E – Belfast Este

  • Canción: The Cramberries – Zombie
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En la esquina de mi hostel pude encontrar este mural. Se comenta que todavía residen allí los voluntarios.

Pesadillas. Por suerte no me acuerdo de ellas; será porque he conseguido descansar de manera decente pese al viento que azotaba la ventana de la habitación de madrugada. Estoy concienciado: hoy me espera un día duro en lo sentimental, en que quizá piso barrios pantanosos y encontraré atisbos de hostilidad. Seamos sinceros: ayer en la entrada ya tuve una muestra, una pequeña recriminación por llevar una camiseta con dos franjas de colores blanca y roja. La piel en este barrio, protestante, es muy fina. Y tienen sus motivos.

Paseando por los primeros murales que he visto -y no he podido fotografiar por indicación de algún residente al que no le parecía bien que quedara relacionado con un pelotón paramilitar- porque odio la indiferencia. Quiero cargarme de historias y argumentos que narrar llegado el caso. No aspiro a ser como un viejo con cayá en la plaza de su pueblo, recitando historias de la guerra a quien quiera escucharlo, pero deseo aprender hasta el por qué ese tono azul de la Union Jack y el gris de las paredes de las casa. Tampoco quiero que el cielo se rompa por el peso de la historia. Ese peso parece, por cierto, no alterar la programación de viaje que tienen dos compañeros de Singapur que han decidido visitar esta mañana la ruta del Taxi Negro (*1) conmigo. Ellos, después de comer un sandwitch y una pieza de fruta se han ido a cazar Pokémon. Me pregunto acaso cuando volverán a Belfast a sabiendas que ellos marchan esta noche. Desconcertado, pienso que o bien tienen unas inquietudes sociopolíticas más complejas de las mías -ya puede ser, pero es imposible permanecer indiferente en Irlanda del Norte- o simplemente no los interesaba la caminata. Abogo por lo segundo. Llama la atención el sentimiento de victimismo unionista que se ha fraguado de diez años hacia aquí: antiguamente cualquier protestante tenía trabajo asegurado por el simple motivo de ser fiel al Reino Unido y a la religión oficial británica… ahora la sensación de que les han dejado tirados y el “ellos se están quedando con todo” impregna en la parte más radical de la ciudad. La nostalgia del estado benefactor está presente y el recelo en algunos sectores hacia los Acuerdos de Pascua es palpable porque han visto que muchas de sus cartas ya son imposibles de jugar: la del miedo, una de ellas.

Es mural británico, unionista, protestante… es violento. Llamativo pero oscuro y algunos de ellos pueden llegar a destrozar la retina al verlo. La primera impresión que tuve es que, según como se miren parecen estar diseñados a gozo y disfrute de un Goebbels de la vida: un genio de la propaganda y el terror caería de culo de placer al ver algunas pinturas. Hay que destacar también la relación entre residentes y visitantes; una especie de omertá donde queda claro si eres un poco despierto que hay cosas qu46e es mejor no preguntar -o bien aprendes rápido cómo preguntarlas- y otras que hay que suponer saber. No es una relación tensa, pero puede llegar a incomodar y sentirse uno extraño si uno no sabe capear ni mezclar curiosidad e imparcialidad. Seguramente muchas de estas personas, británicos de pro, tienen la sensación de haber nacido con los labios cosidos por el respeto y la crudez de las generaciones pasadas. También, hablando con Phil (*2) llego a entender el falso autoconvencimiento sobre la superación del conflicto y la reconciliación. Las armas han callado, pero ni de lejos no quiere decir que los problemas hayan pasado. Y entiendo rápidamente que falta integración y comprensión en muchos aspectos aunque los jóvenes ahora tienen menos reticencias a según qué cosas y ven el pasado con lejanía… pero todavía con respeto y clichés. Los unionistas, al menos con los que he tratado no tienen fama en su mayoría de ser reticentes a muchas concesiones: no obstante, a la pregunta de por qué creen que sigue en pié el muro, una mujer de unos cuarenta años me ha respondido mirándome a los ojos: “cualquier día aquellos podrían venir a matarnos”. Doy por supuesto que he topado con la persona con el pensamiento más tatcheriano de toda Belfast. Por otro lado, me consta que los republicanos están haciendo un esfuerzo enorme para hacer de la normalidad un plato único de donde comer en Belfast, pero los unionistas desconfían del guiso por miedo a estar mal cocinado y les pueda sentar mal. También, ese esfuerzo republicano no recibe en muchos casos la respuesta asertiva que podría esperarse…

En esta lucha de contraste entre muros, personas y sentencias, veo repetido en las zonas protestantes el lema No Surrender. En los barrios más católicos, en la sede del Sinn Féinn mismo, la proclama es el We love our fight. No sé si debería preocuparme el hecho en que en mi país, Catalunya, estemos más próximos al lema unionista que del republicano o simplemente tendría que tomarlo como un hecho anecdótico.

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Si queréis más detalles de los murales podéis observar el álbum que hay en la columna derecha del blog y ampliar las fotos. O bien esperar a que en unos días ponga otra entrada sobre el Belfast irlandés.

  • 1: numerosas empresas y agencias de viaje y transporte ofrecen sus servicios en taxi para hacer un tour personalizado del conflicto en Irlanda del Norte a través de los lugares más emblemáticos de Belfast. En mi caso, opté por realizar el tour Blood & Bullets por mi cuenta.
  • 2: Phil era el recepcionista de mi hostel. Unionista tolerante declarado, fue de gran ayuda en los inicios de mi estancia para poder moverme con agilidad por la ciudad.

Un pensamiento en “1E – Belfast Este

  1. Pingback: 2A – Belfast Oeste – somnia vendidit.

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