1A – Diferencias

Galway, 28 de agosto, 17:30 p.m

Dos de los sitios donde mejor puedes conocer la sociedad de un país nuevo son el mercado y la librería: en el mercado vives una experiencia de primera mano única, codo con codo con los ciudadanos de a pie conociendo sus inquietudes y preocupaciones si pones la oreja quieta, a no ser que vivas en Barcelona y se te ocurra ir a la Boquería donde ten por seguro que te querrán encolomar un maldito zumo multifrutas; tan autóctono y de aquí como una Caipirinha en el bar Manolo de Besalú. Luego el caso de la librería es similar: de primera mano puedes ver los más leídos, aquello que triunfa: libros en boga con calidad que llegan a las manos de los lectores. Calidad o discutible calidad, sea dicho.

parlour
The Romford Pelé, la biografía de Ray Parlour.

Quizá uno de los posos que tiene la sociedad de la isla del diamante de la cultura británica es la capacidad que tiene la prensa en crear mitos de la nada. Aquí, en España, es inconcebible que un tronista o similar despojo mediático pueda publicar un libro. Allí si. Al igual que es imposible ver a una medianía de tres al cuarto con una biografía publicada. Pues bien, justo en la misma estantería en la que se apilan las biografías de Gary Speed, Ian Rush y Jamie Redknapp -también alguna de Ronaldo pero eso no importa- observas el ejercicio de onanismo a Ray Parlour. De acuerdo en que quizá fuese importante en el Arsenal de los 90, pero de ahí a llamarlo Pelé es como decir que de un cerdo vietnamita domesticado puede salir un Cinco Jotas. Vale, nos dejamos parte del título; pero parece que el nombre del astro brasileño eclipsa lo demas. Es como si, insisto, te quisieran vender que el Choleck es mejor que el Cacaolat. Eso nunca.

Ese poso amarillista, de tabloide es vigente. Aunque la gente utiliza la máxima de leer el periódico local y luego el Irish Mirror para reírse de las jodiuras que escriben sus periodistas. Y ese hecho, el de saber separar el realismo mágico con la realidad es lo que hace inteligente a una sociedad. Aquí, en la península, nos hemos quedado a medio camino… y sea por el realismo mágico o el surrealismo uno ya no sabe decir si lo que vive día a día, sea en la prensa escrita o en la vida diaria es cierto o no.

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